#MaternidadesReales

Buenas tardes mujeres.

aquí me hallo, escribiendo.

Está claro que la maternidad es muy bonita, ¿verdad? Preciosa. Ya se encarga el mundo de contárnoslo así. La televisión, las revistas, las redes sociales, sí, también, la vecina, tu colega y hasta nostras mismas. Yeah!

Y son pocas las imágenes, pocos los mensajes que nos llegan de momentos chungos, oscuros, momentos de hartura infinita, de cansancio agotador, de «no puedo más» los que recibimos o escuchamos. 

Puede que  haya alguna colega-madre que nos habla de lo duro que va a ser, o lo cansado o lo que nos va a cambiar la vida, incluso nuestras madres nos lo dicen… Pero a mi me da la impresión de que toda la otra visión es tan potente ( La de la madre perfecta, guapísima, estupenda, la que no grita ni se despeina porque duerme de puta madre, esa.)la vemos tanto, es tan guay querer contarse así el cuento que los mensajitos que nos llegan de la parte «oscura» pasan desapercibidos.

Y luego, cuando somos madres, madres recién paridas, en un cuerpo que no reconocemos, cuando llevamos durmiendo mal 6 meses o dos años, cuando hay que volver al curro porque lo necesitas pero tu quieres estar con tu bebé. Cuando tus hijxs te demandan en cuerpo y alma porque están enfermos, pochitos, con fiebre. O cuando te duelen las tetas de todo lo que maman o porque no se engancha bien.. Cuando menstruas y te encantaría estar tirada en la cama pero te toca salir a pasear y saltar toda la tarde… Cuando no hay nadie a tu lado para poner el hombro y llorar un rato… Cuando no tienes un hueco para ducharte, bailar o mirarte…

Es entonces, en uno de esos momentos, en los que nos acordamos de aquello que alguien nos dijo…o no nos acordamos pero nos gustaría haberlo sabido, o nos sentaría bien que otra madre estuviera a nuestro lado, nos dijera a mi también me pasa. Yo también me siento sola. Yo también estoy aquí, como tu, pasando por esto!

Por eso madres! tenemos que juntarnos, tenemos que hablar de lo que nos pasa y lo que no nos pasa, tenemos que hacer grupo, y a mi me surge que a demás de mostrar la cara bonita de la maternidad molaría mostrar la otra cara, esa en la que estamos despeinadas y hasta el coño… a mi me sale que si la mostráramos más, estuviera más en la luz que en la sombra, fuera compartida, sería menos arduo recorrerla….

Por eso os invito a lanzar lo que sintáis con el hastag #maternidadesReales 

Aquí va lo que yo siento!

Esta soy yo. Con mis dos polluelos, Uno con fiebre, otra con mocos, yo menstruando y con anginas. Uno pidiéndome contacto otra pidiéndome teta. Dos noches sin dormir casi nada. Cuerpo escombro.

Os abrazo de corazón a corazón madres del mundo.

Te vienes?

#MaternidadesReales

Estoy Aquí. Viviendo…

Buenas, gentes bonitas. Llevo un tiempo largo sin escribir en el blog.

Ha sido un año y 9 meses de cambio y llegadas luminosas.

Como muchas sabéis hace un año fui mamá de una niña. Mi segunda hija. Y aunque bien he estado renovando la web y haciendo trabajitos, la crianza de dos criaturas no me ha dejado tiempo para el blog y para tantas otras cosas…

Tremendamente enamorada…

Ahora me veo algo mas desahogada, más adaptada, más hecha a estos ritmos locos y tengo muchas cosas que contar. Así que aquí estoy probando este nuevo formato de blog, para empezar de nuevo. Siendo madre de 2 enamorada de 4.

Buscando huecos para hacer lo que me gusta, para trabajar conciliando, para cocinar comida rica y disfrutar de la vida junto a mis polluelxs y mi gente. Aprendiendo a exigirme menos, a volver a mi cuerpo cuando me voy lejos. A respirar 20 veces antes de dar  un grito, a pedir perdón cuando lo he dado..

Aquí estoy caminando por mis sombras y bailando en mis luces, aprendiendo otra vez a no ser perfecta, a encontrarme en mis imperfecciones, a gustarme en ellas.

Cantando, cantando mucho, pues alguien dijo que la que canta su mal espanta, y sintiendo todo lo que llega. Esa es mi manera.

 

Aquí estoy.

Agradeciendo a la vida sus regalos…

Y Gracias a ti por estar al otro lado.

Y tú ¿Dónde estás?

 

¡Mi poder! Mi revolución

Llevo tiempo preguntandome: ¿Cual es mi forma de hacer la revolución? ¿Cómo hacer el cambio que me gustaría para esta sociedad? Y, desde el corazón, me sale lo siguiente. 

Pues bien. Como mujer siento un gran poder, muy potente. Y este pasa por mi cuerpo, alberga en él.

Recuerdo que poco antes de la adolescencia temía que mis pechos crecieran y temía también sangrar y «convertirme en mujer». Con la visión de hoy día creo que sentía tanta presión de lo que significa ser mujer para esta sociedad, veía tanto dolor en las mujeres, que yo no quería ser eso. Me daba miedo crecer, me daba miedo seducir, me daban miedo los hombres, me daba miedo sufrir. 

Me vino la regla y, cada 28 días desde la primera, la sangre abundante traía dolor, tensión y cierta amargura. El crecimiento de mis pechos no era bienvenido y me sentía extraña pues no podía entender a qué se debía todo eso. 

Con el tiempo me he ido dado cuenta de que despreciaba a mi útero y le sentía como el culpable de mi condición, de esa presión que recae en las mujeres. Y cuando tomé conciencia de esto pude sentir que ahí habitaba mi poder, la trasformación y el cambio. No sólo el mio, si no el poder de cambiar algo en esta sociedad. 

Me embaracé y decidí nutrir con amor y conciencia a ese bebé que crecía en mi vientre. Le explicaba que era un ser querido y amado y tambien el acojone que me daba la responsabilidad de traerle a este mundo, de criarle, de perder a esa Ana que era antes de ser madre…

Eligí cuidadosamente a la matrona y a la doula que quería que me acompañaran en mi parto pues sentía que era un momento crucial en mi vida y, desde luego, en el comienzo de la vida de ese nuevo ser. Quería sentirme arropada, cuidada y segura. Quería que velaran por el respeto a mi cuerpo, el respeto al proceso y por la llegada con suavidad de mi hijo.

Mi hijo fue amamantado con mis pechos que hasta entonces sentía hostiles y en ese momento se convirtieron en dispensadores de AMOR , de calor y verdadero placer. 

Pasaba horas y horas piel con piel nutriendonos del calor de nuestros cuerpos; le acurrucaba en mis brazos cuando lloraba y mi compañero me sostenía paciente para que yo pudiera vivir esa entrega. Preparaba la comida; escuchaba mis llantos cuando el cansancio me vencía; mecía a nuestro bebé para dormirle y estaba ahí pendiente de nosotros. Con mucho respeto. 

Y hoy, desde aquí, me siento verdaderamente tranquila pues sé que este ser con esa capacidad innata para amar no destruida y nutrido de todo este AMOR. Este ser, el día de mañana, buscará la paz en lugar de la guerra y podrá entregar amor en lugar de amargura.

Ahora reconozco y amo mi cuerpo. Mis pechos son acariciados por mi cada día y mi sangre llega suave y fluida sin ningún dolor pues le estoy tremendamente agradecida. 

Crio a mi hijo con consciencia, con claridad, mostrandole como estoy. A veces feliz, a veces triste o enfadada. Vital o cansada. Eso no importa, tan solo le muestro lo que hay, pues somos humanos.

Y recapitulando todo esto, me doy cuenta de que es en este lugar donde hago la revolución. Dónde yo aporto mi grano de arena a ese cambio que deseo en esta sociedad, dónde encuento mi poder. 

Tan cerquita… en mi propio cuerpo.

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